Juan Pablo Meneses no tiene oficina ni sala de redacción. Su vida se ha transformado en un viaje sin vuelta, por diversos lugares del mundo. Vive de los cibercafé y de las buenas historias, que nacen de anécdotas que no cualquier cronista freelance podría contar. Meneses tiene lo que otro no: calle.

Pocos pueden decir que han comido carne de perro, disparado un fusil en un campo de guerra, que estuvieron en la ciudad límite, entre países musulmanes y occidente, el día de la caída de las Torres Gemelas, o que pasaron un paquete de un desconocido por la aduana de Colombia. Juan Pablo puede decirlo. Y en base a historias como esas es que se ha convertido en uno de los mejores cronistas de latinoamérica, publicando sus artículos en medios de México (diario “El Universal” y revista “Glamour”), Colombia (revista “SoHo” y “Gatopardo”), Venezuela (revista “Complot”), España (clubcultura.com y FNAC), Perú (revista “Etiqueta Negra”), Argentina (revista “La Mano” y clarín.com), Chile (revista “Domingo” de El Mercurio) y en National Geographic, con traducciones al inglés, portugués, francés y alemán.

“NO ESTABAN PREPARADOS PARA GENTE QUE TRABAJARA”

“Mi niñez la pasé en un colegio donde me obligaban a escribir dos copias diarias, y como no me gusta copiar, muchas las inventaba”, cuenta Meneses, suponiendo que de allí nació su afición poir la escritura. Pasó por la poesía y por los cuentos, publicando el primero, llamado “Vacaciones en Katmandú”, en 1994, en diario La Nación.

Decidió estudiar periodismo cuando ya escribía, en forma regular, para la revista del Domingo. “Acababa de hacer una tapa de un viaje a África, y me pareció que ya era tiempo de estudiar formalmente algo a lo que me quería dedicar para siempre”, cuenta.

Entró en la Universidad Diego Portales, pero los tres años no fueron una buena experiencia. Por sus viajes tenía baja asistencia en clases y muchos profesores lo reprobaban sin entender que era por motivos de trabajo. “Aprobaban a gente que se sacaba promedio cuatro, copiaba en los exámenes, pero no faltaba nunca. No estaban preparados para gente que trabajara”, explica. Por lo mismo siguió sus estudios en la Universidad Autónoma de Barcelona. “Era todo lo contrario. No existe tesis de fin de carrera y puedes optar por dar un examen libre a final de semestre y tu decidir si vas o no a clases”.

Su primer trabajo publicado, con título en mano, fue una entrevista a un musulmán shiíta chileno, para la Zona de Contacto de El Mercurio. “Antes de lo de las Torres”, esclarece.

EN LA CABEZA DE MENESES

Lo único que hay en la cabeza del cronista son los viajes. El primero fue a Buenos Aires, en su gira de estudios. “Eran mediados de los ’80, y mientras los rockeros argentinos se llenaban la cabeza con cocaína, nosotros inflábamos nuestras mochilas con zapatillas de colores que no existían en el Santiago gris militar”, describe.

Sin embargo, en uno de sus escritos relata que el viaje de su vida fue a Boston, cuando uno de sus hermanos estudiaba en Harvard. “Llegaba la oveja negra  a visitar a la estrella de la familia. Después de varias semanas, desorientado en el entorno triunfalista de Cambridge, obviamente, salí disparado”, afirma. Y es que tiene claro que “la suerte que tenemos los cronistas es que, hasta los momentos más duros, se pueden transformar en estupendos episodios para una crónica. Hasta lo peor que te suceda, puede ser bueno para la historia”.

Y es lo que le sucedió en Colombia, donde el dueño de un hotel en Santa Marta, en el que se hospedó, le pidió a él y a un fotógrafo que lo acompañaba, llevar un paquete a Chile. “Según él, eran folletos para agencias de turismo. Ese tipo de paquetes yo los había visto antes, pero en la tele: en las noticias policiales o en los documentales de dinero fácil. Nunca como envoltorio de folletos turísticos”, asegura.

En el taxi, camino al aeropuerto de Barranquilla, ninguno de los dos quería pasar el encargo. Peor aún, cuando había un control de equipaje que no se esperaban, con perros y hombres armados con escopetas. Pero Meneses decidió a último minuto hacerse cargo. “Fumando un nervioso cigarro, me convencí de que si pasaba algo malo, que si los perros descubrían que no eran folletos y saltaban las alarmas y de atrás la policía y de ahí a un calabozo colombiano, cerca de Aracataca, pues bien, eso significaba que tendría una colosal historia para escribir. Y con una sonrisa en la cara entregué el encargo a la chica del counter”.

Para su tranquilidad, el paquete efectivamente era de folletos turísticos. Eso sí, aprendió que “en esa época estaba dispuesto a pasar una temporada en una perdida cárcel colombiana con tal de tener una buena historia que contar”.

TICKET DE IDA

En el 2000, Juan Pablo dejó definitivamente Chile, luego de ganar el concurso “Crónicas Latinoamericanas”, de la revista Gatopardo. Con el dinero del premio se compró un compaq E 500 y una cámara digital olympus camedia C3030 de 3 megapixeles, con el fin de hacer “periodismo portátil”, término que acuña para describir lo que desde aquel año hace: “sobrevivir escribiendo historias por el mundo”. “El plan original era hacerlo por tres o cuatro meses, partiendo por España. Pero han pasado años y no he vuelto”, aclara.

Eso sí, el hecho de que viva fuera no significa que no haya visitado el lugar donde nació y creció. Cada vez que lo hace se preocupa de ver a sus familiares y amigos, además de ir a un buen lugar donde vendan mariscos.

A veces siente nostalgia de no estar en Chile para las fiestas y celebraciones. Así le sucedió cuando supo sobre la muerte de Pinochet, mientras se quedaba en su actual residencia en Buenos Aires. “Quise festejar, ir a la calle, abrazarme con gente, aplaudir las bromas por la muerte, saltar de alegría, pero a medida que la tarde pasaba, sólo veía en los bares gente de Boca, sufriendo por su equipo. Estaba en el país equivocado. Las fiestas te recuerdan de dónde eres.”

Pero, pese a esto, Juan Pablo no se ha hecho la idea de regresar. Más aún cuando explica que sus trabajos tienen la particularidad de poder hacerlos desde cualquier lugar del mundo. “He escrito historias en cibercafés de Vietnam y de Estambul. En los de Barcelona escribí una gran parte de mi libro -Equipaje de mano-. En Buenos Aires, la ciudad donde vivo, hay casi un cibercafé por cuadra”, detalla.

Por lo mismo es que se ha hecho un visitante recurrente de estos sitios, a los que denomina “oficina portátil”. “Tienen la particularidad de que todos se parecen y a la vez y son diferentes. Entrando en uno ya sabes lo que te espera. Es lo mismo que entrar todos los días a una redacción, con la ventaja de que puede ir cambiando de compañeros de oficina a tu antojo”.

EL SUEÑO DEL PIBE

Para muchos comunicadores, el sueño del pibe es convertirse en periodistas freelance, sin embargo Meneses no lo recomienda. “Ganarse la vida como freelance no es un lujo, sino, más bien un tormento. En general se paga poco y se demoran, hay que gestionar tus propias notas y no hay un solo medio en habla hispana que te pague por una nota lo suficiente para vivir un mes”, asegura. Además “trabajar sin horarios equivale, finalmente, a estar todo el tiempo conectado. Y a los nuevos, que se creyeron eso de la era digital, les recuerdo la frase base de la economía de hoy: el grande se come al chico. Y el periodista independiente, por mucho trabajo que tenga, siempre será el insignificante dentro de un océano de tiburones”.

Pero este chileno de 38 años, tanto para sus lectores, como para quienes trabajan con él, no ha sido insignificante. Por su labor ganó un premio en la revista Gatopardo. Además, en marzo del 2005, inició un proyecto en “Crónicas Argentinas”. En este sitio relató sobre “La Negra”, una vaca que compró en el país trasandino, con el fin de escribir un libro sobre su crianza y muerte en el matadero. El proyecto del texto -que hoy ya es un libro- llamado “la vida de una vaca” fue uno de los finalistas en el premio “Crónicas Planeta/Seix Barral”, en el 2006. “Relatar la vida de la Negra es una excusa para contar uno de los procesos alimenticios más importantes del ser humano. Y, también, porque me ha parecido la manera más sabrosa de conocer al país donde vivo”, cuenta.

También, por su amplia trayectoria periodística, es que J.P. fue elegido para trabajar en la web periodismo.net, tutelando un curso de periodismo narrativo online. “Lo llamamos por la alta calidad de su trabajo, porque es una personalidad reconocida en gran parte de Iberoamérica y porque es buena persona”, asegura Esteban Rottman, Director de Contenidos de Data Press Multimedia, empresa dueña del sitio.

Por otro lado, Meneses tiene muchos seguidores, notándose en la cantidad de post que recibe diariamente en sus blogs en el sitio Clubcultura y en El Clarín. Y esto no sólo por sus artículos, sino, además, por sus libros “Equipaje de Mano” (2003), “Sexo y Poder” (2004). Incluso, el primero de ellos es recomendado por el escritor Alberto Fuguet. “Después de devorar este libro a uno le dan ganas de viajar a los lugares que el autor colonizó. Pero, sobre todo, dan ganas de regalárselo a tus amigos. Meneses sólo viaja para contar, y vaya que lo hace bien”.

Una de sus fieles lectoras es la periodsta Marcela Escobar Q. “Es uno de mis cronistas favoritos, a uno de los pocos que tolero que escriba en primera persona, porque su manera de narrar me parece profunda, adecuada. Es, además, un gran retratista de lugares, es capaz de hablar de ellos como quien habla de una persona”, asegura. Sin embargo ella no sólo lo conoce a través de sus escritos. Lo conoció formalmente en Buenos Aires, a través de su pareja- Pato-. Los tres salieron a comer a un restaurant de parrilladas, recomendado por Meneses, donde descorcharon una botella de vino chileno. “Al mozo no le gustó que trajéramos un vino de fuera, pero J.P., con su innata simpatía, lo convenció de que estaba de cumpleaños- lo que era mentira- y que esa botella era nuestro regalo”, explica.

Desde entonces, Marcela sabe deél ocasionalemente a través de su pareja y sus textos. “No somos lo que yo diría amigos, pero es una persona a la que le tengo una simpatía natural, una gran admiración profesional y un agradecimiento profundo por el mejor bife de chorizo que degustamos con Pato, en ese viaje”.

HISTORIAS QUE TOCAN

En sus viajes, Juan Pablo no lleva nada más que sus tarjetas y el “más sencillo y efectivo diario de viaje”: su pasaporte. “Nada lo reemplaza. Ni los antiguos cuadernos viajeros, ni los álbumes de fotos, ni la ciberfiebre por los blogs”, aclara. Y es que esta licencia, para el cronista es “una bitácora íntima e intransferible que va resumiendo, certeramente, el rumbo que ha recorrido tu vida en los últimos años”.

Con él, Meneses ha recorrido un sinfín de lugares, esperando que “la historia lo toque”. Cree que “la noticia es la anécdota y la anécdota es la noticia”. Y de esas tiene muchas

Una de las historias que más lo “tocó” fue haber estado en Estambul, el 11 de septiembre del 2001. Meneses estaba en un almacén del sector, en el que un televisor transmitía por CNN Turquía, la caída de las Torres Gemelas a un alto volumen. “Kemal, un turco de bigote negro, espalda encorvada y manos azules de tanto manosear billetes, me pasó una Cherris helada y dijo, con una sonrisa mezcla de sincera euforia y de más sincero nerviosismo -¡los americanos están en problemas!- Cuando uno está de viaje y sucede algo así, todo cambia”.

Por otro lado, no todas han sido anécdotas desagradables. En varios ocasiones Juan pablo ha vivido momentos dignos de artículos, por su exclusividad.

Es el caso del día en que fue a un restaurant en Vietnam. Después de un rato de disfrutar su plato, se dio cuenta que había masticado carne de perro. “No sabía nada de mal”.

En el mismo país, específicamente en Saigón, tuvo la oportunidad de disparar un fusil AK 47, en un campo de batalla “donde hasta hace poco caían bombas y la gente se escondía en túneles para evitar la matanza”, todo por un paseo turístico que ofrecían en el lugar. “Por sólo séis dólares recorrerás los túneles de Cu Chi y podrás revivir la guerra en que derrotamos a Estados Unidos”, le dijo Kim, uno de los vendedores, quien le dejó en cuatro dólares la experiencia de disparar el arma.

Juan Pablo hizo el recorrido por lo túneles de rodillas, por lo estrecho del lugar. “El encierro se siente y se oyen las balas de la zona de tiro. La sensación de avanzar y avanzar de rodillas, sin poder levantarte, es claustrofóbica”, explica.

A la salida del túnel, compró cinco balas en cinco dólares. Un militar se las cargó y le indicó el blanco. ” Cuando me dieron la orden de disparar, pensé en cómo, hasta una guerra cruel, hoy puede transformarse en un negocio turístico, y en todos esos campos de batalla de hoy, que mañana serán un parque de diversiones”.

A todo esto es lo que Meneses denomina “la teoría del gran golpe”, en la que compara escribir una crónica con robar un banco o un famoso cuadro de algún museo. “Una crónica de periodismo narrtativo tiene los mismos elementos que un gran asalto y por eso creo bueno imaginar el trabajo como si fuera una aventura. Así dan ganas de salir a reportear y escribir”.

Y es que a Meneses no le falta la imaginación. Incluso asegura que es una herramienta base cuando no se conoce a un lugar al que se viajará. Juan Pablo crea retratos en su mente sobre los lugares que no conoce, como lo hizo alguna vez con el DF, Ciudad de México, un lugar “caótico, muy latinoamericano”.

ADOPTADO POR ARGENTINA

Meneses llegó a Buenos Aires siguiendo a una porteña a la que no se refiere. Actualmente, a diferencia de los ’80, cuando visitó la ciudad junto con sus compañeros de colegio,  “ya casi no se puede caminar por Lavalle de noche y de la primavera democrática argentina, sólo queda un par de registros de algunos libros de historia. El vocalista de Virus murió de sida y el vocalista de Sumo por sobredosis”.

Pero, por el momento, la ciudad le ha dado un hogar, donde ha tomado clases de milonga, ha ido a los cabaret de “Village Recoleta”, ha comido carnes en “Las Barricadas” de San Telmo y ha visto el tango en Torcuato Tasso. Sin embargo extraña los cafés con piernas del “país de la gente conforme” y extraña, junto a otras cosas “el marisco que en ningún otro lado es mejor”.

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