Mucho cariño le guardo a mi viejo y querido fortachón, que en sus tiempos fue el rey de muchos hogares. El que no se contagiaba con virus. Al que no le daban pataletas por un poco de polvo en su cuerpo. El hombre. El macho recio. El que soportó cintas de Rogger Rabit, Terminator, Damian, El Bueno el malo y el feo e incluso se tragaba algunas con la desagradable voz de Sarita Mellafe, y la pedantería de un Dj Billy, cuando a mi vieja se le ocurría grabar las teleseries.

El que fue destronado por un tipo delicado, flacuchento y enclenque y que jamás ha tenido la caballerosidad de pedirnos “por favor rebobinar”, porque aparte el huevón es autosuficiente. Hablo del malvenido DVD.

“Por favor rebobinar”. Qué petición más dulce, para un tipo de dura historia. Un tipo que tuvo que luchar contra un Betamax y un Laserdisc. Un tipo que tuvo que lidiar con la idea de pasar de un revolucionario cine en su casa, a una basura de la historia. Y basura digo porque así lo trataron muchos. El que aperró en todas, fue olvidado tal como los vinilos, o los walkman. Olvidado como si lo hiciéramos con un viejo amigo.

Y como todo amigo no faltó el día en que recibió unas cuantas chuchadas. Cuando se comía las cintas y no quedaba otra más que desarmarlo. Pero ahí estaba él, dispuesto a asumir sus errores y entregarse, sin alegato alguno, a las manos de algún técnico.

La última vez que lo utilicé fue cuando, con unos amigos, se nos ocurrió ver “Pánico y locura en las Vegas”. El VHS ya estaba viejo, en la flor de la jubilación, esperando irse, junto con otros objetos que alegraron nuestros años ochenta, al exilio dorado de los cacharros.

Asimismo, por el ’99, el enclenque del dvd se aprovechó de las circunstancias y llegó ocmo novedad a mi casa. Y aquí todos lo aman, sobre todo porque, según ellos, no tienen que tragarse las rebobinadas. Mientras, yo, las extraño. Extraño al señor de anteojos, que como la mayoría de dueños de video club, miraba pornos mientras arrendaba las cintas. Extraño poder pisar películas una y otra vez. Extraño el rec, el counter y el tracking. Y extraño ese dulce mensaje que te pedía, en el cuerpo de la cinta, “por favor rebobinar”.

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